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¿Somos Charlie? Atentado provoca debate sobre libertades
Para algunos, el semanario Charlie Hebdo había publicado caricaturas groseras y de mal gusto que se burlaban de todos
(Reuters)
EL PAPA FRANCISCO SOBRE LO OCURRIDO EN FRANCIA
Libertad de expresión y de religión
« Creo que ambos son derechos fundamentales: la libertad religiosa y la libertad de expresión. ¡Hablemos claro, vayamos a París! No se puede ocultar una verdad: cada persona tiene el derecho de practicar la propia religión sin ofender, libremente, y es lo que queremos todos. Dos: no se puede ofender o hacer la guerra, matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios. Nos sorprende lo que sucede ahora, pero pensemos en nuestra historia: ¡cuántas guerras de religión hemos tenido! Pensemos en la noche de San Bartolomé (la referencia a la masacre de los hugonotes, asesinados por los católicos, ndr). Como se comprenderá, también nosotros fuimos pecadores en esto, pero no se puede matar en nombre de Dios, esta es una aberración. Se debe hacer con libertad y sin ofender.»
En cuanto a la libertad de expresión: cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común. Si un diputado no dice cuál cree que es la verdadera vía que hay que recorrer, no está colaborando con el bien común. Hay que tener, pues, esta libertad, pero sin ofender, porque es cierto que no se puede reaccionar con violencia, pero si el doctor Gasbarri, que es un amigo, dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo. No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás. Papa Benedicto, en un discurso (la lectio en Regensburg de 2006, ndr.) habló de esta mentalidad post-positivista, de la metafísica post-positivista, que llevaba a creer que las religiones o las expresiones religiosas eran una especie de sub-cultura, toleradas, pero poca cosa, no forman parte de la cultura iluminista. Y esta es una herencia de la Ilustración. Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás. Estas personas provocan y puede suceder lo que le sucedería al doctor Gasbarri, si dijera algo contra mi mamá. Hay un límite, cada religión tiene dignidad, cada religión que respete la vida humana, la persona humana... yo no puedo burlarme de ella. Puse este ejemplo del límite para decir que en la libertad de expresión hay límites, como en el ejemplo de mi mamá.
Enviada especial
-Todo lo que dicen sobre nuestro instituto es mentira. Es la extrema... Un momento -la adolescente se gira hacia sus amigas-, ¿Marine Le Pen es de izquierda o de derecha?
-De derecha.
-Eso. Pues como decía, es la extrema derecha que quiere ensuciar nuestra religión.
-Como en Saint-Denis hay una mayoría musulmana, intentan decir que todos somos como ellos. Como los terroristas.
Sentadas ante la verja de su instituto, Feriel, Yasmine, Sarah y Linda -de 16 y 17 años, de origen argelino, sirio y turco- insisten en que lo publicado es una calumnia. El Lycée Paul Éluard de Saint-Denis, en el extrarradio norte de París, ha salido en las noticias como uno de los 70 centros escolares en toda Francia donde se registraron incidentes con motivo del minuto de silencio por las víctimas de Charlie Hebdo.
Y aquí, según Le Monde, la cosa no se quedó en unos cuantos alumnos contestatarios. El viernes pasado alguien dejó un falso paquete bomba en la sala de profesores. Entre los cables había un mensaje: "Yo no soy Charlie".
En territorio banlieue, Charlie no es un nombre de héroe. Por mucho que los profesores insistan. En el Paul Éluard -donde, como en todos los institutos franceses, en nombre de la laicidad, las alumnas creyentes se quitan el velo ante la puerta de entrada- llevan varios días haciendo debates sobre el tema. "Nos han explicado que es una cuestión de libertad de expresión", dice Yasmine.
Las cuatro adolescentes insisten en que condenan los atentados -"Matar a alguien es el peor crimen en el islam"-, aunque no tarda en asomar el pero.
En cuanto ven la portada de Charlie Hebdo, el primer número tras la matanza que sale este miércoles a la calle, con una nueva caricatura de Mahoma: "No entiendo por qué siguen con la provocación. Después de todo lo ocurrido, ¿no deberían dejar que la cosa se enfríe?", dice Feriel. "Una cosa es reírse de los musulmanes, y otra de la religión. No está bien", opina Sarah. "Pero respeto su derecho a publicarlo...", se apresura a aclarar.
Han acabado las clases y la puerta del instituto se empieza a llenar. Sale un grupo de chicos, con sudadera y capucha. "Paso. No sé nada. No veo las noticias", dice uno. "Yo creo que...", arranca otro. "No tenemos opinión -le interrumpe otro-. Nos vamos".
"Sólo te voy a decir una cosa -dice un chico mientras se fuma un cigarrillo-. Si se atreven a dibujar otra caricatura de Mahoma, todos los diarios saltarán por los aires. Hasta Libération será atacado si los ayuda. Yo ni siquiera soy musulmán practicante, pero sé que sobre la religión no te puedes reír".
Sólo cuando el grupo se aleja, un joven que se ha quedado rezagado acepta hablar más largamente. "Claro, hay muchos aquí que avalan los atentados, que dicen que se lo merecían. ¿Por qué crees que se han ido tan rápido mis amigos? No quieren acabar en la cárcel", dice riendo, aunque no está claro que bromee.
¿Y él?. "Yo estoy contra el hecho de que hayan matado a personas, pero quien siembra vientos recoge tempestades. En Charlie Hebdo sabían lo que hacían. Para los musulmanes, el Profeta está por encima de todo. Eso es así, nadie lo va a cambiar", reflexiona.
Tiene 23 años, es hijo de inmigrantes tunecinos, trabajaba como panadero, se quedó en el paro y ahora hace un cursillo para ser cartero. "Nos dicen que no nos encerremos en nuestra comunidad, pero los franceses también lo hacen. Yo no estoy en mi país. Aunque comiera cerdo cada día. Tengo cara de árabe, nombre de árabe. Nunca seré francés".
Anochece ya y sólo queda un chico negro bajo el porche, esperando a alguien,
"Los de Charlie... Se lo buscaron", afirma. Se identifica como Steeve, de 19 años.
-Eres musulmán -asume la periodista, convencida.
-Qué va, soy cristiano. De Martinica.
-De derecha.
-Eso. Pues como decía, es la extrema derecha que quiere ensuciar nuestra religión.
-Como en Saint-Denis hay una mayoría musulmana, intentan decir que todos somos como ellos. Como los terroristas.
Sentadas ante la verja de su instituto, Feriel, Yasmine, Sarah y Linda -de 16 y 17 años, de origen argelino, sirio y turco- insisten en que lo publicado es una calumnia. El Lycée Paul Éluard de Saint-Denis, en el extrarradio norte de París, ha salido en las noticias como uno de los 70 centros escolares en toda Francia donde se registraron incidentes con motivo del minuto de silencio por las víctimas de Charlie Hebdo.
Y aquí, según Le Monde, la cosa no se quedó en unos cuantos alumnos contestatarios. El viernes pasado alguien dejó un falso paquete bomba en la sala de profesores. Entre los cables había un mensaje: "Yo no soy Charlie".
En territorio banlieue, Charlie no es un nombre de héroe. Por mucho que los profesores insistan. En el Paul Éluard -donde, como en todos los institutos franceses, en nombre de la laicidad, las alumnas creyentes se quitan el velo ante la puerta de entrada- llevan varios días haciendo debates sobre el tema. "Nos han explicado que es una cuestión de libertad de expresión", dice Yasmine.
Las cuatro adolescentes insisten en que condenan los atentados -"Matar a alguien es el peor crimen en el islam"-, aunque no tarda en asomar el pero.
En cuanto ven la portada de Charlie Hebdo, el primer número tras la matanza que sale este miércoles a la calle, con una nueva caricatura de Mahoma: "No entiendo por qué siguen con la provocación. Después de todo lo ocurrido, ¿no deberían dejar que la cosa se enfríe?", dice Feriel. "Una cosa es reírse de los musulmanes, y otra de la religión. No está bien", opina Sarah. "Pero respeto su derecho a publicarlo...", se apresura a aclarar.
Han acabado las clases y la puerta del instituto se empieza a llenar. Sale un grupo de chicos, con sudadera y capucha. "Paso. No sé nada. No veo las noticias", dice uno. "Yo creo que...", arranca otro. "No tenemos opinión -le interrumpe otro-. Nos vamos".
"Sólo te voy a decir una cosa -dice un chico mientras se fuma un cigarrillo-. Si se atreven a dibujar otra caricatura de Mahoma, todos los diarios saltarán por los aires. Hasta Libération será atacado si los ayuda. Yo ni siquiera soy musulmán practicante, pero sé que sobre la religión no te puedes reír".
Sólo cuando el grupo se aleja, un joven que se ha quedado rezagado acepta hablar más largamente. "Claro, hay muchos aquí que avalan los atentados, que dicen que se lo merecían. ¿Por qué crees que se han ido tan rápido mis amigos? No quieren acabar en la cárcel", dice riendo, aunque no está claro que bromee.
¿Y él?. "Yo estoy contra el hecho de que hayan matado a personas, pero quien siembra vientos recoge tempestades. En Charlie Hebdo sabían lo que hacían. Para los musulmanes, el Profeta está por encima de todo. Eso es así, nadie lo va a cambiar", reflexiona.
Tiene 23 años, es hijo de inmigrantes tunecinos, trabajaba como panadero, se quedó en el paro y ahora hace un cursillo para ser cartero. "Nos dicen que no nos encerremos en nuestra comunidad, pero los franceses también lo hacen. Yo no estoy en mi país. Aunque comiera cerdo cada día. Tengo cara de árabe, nombre de árabe. Nunca seré francés".
Anochece ya y sólo queda un chico negro bajo el porche, esperando a alguien,
"Los de Charlie... Se lo buscaron", afirma. Se identifica como Steeve, de 19 años.
-Eres musulmán -asume la periodista, convencida.
-Qué va, soy cristiano. De Martinica.