El Papa ¿quiere cambiar la Iglesia?
https://www.youtube.com/watch?v=oQBqVWnjnhE
Palabras del Papa Francisco
La Iglesia debe ser comunidad del Sí, no del No
https://www.youtube.com/watch?v=hEeDrCZaaf8
La Misión de la Iglesia
https://www.youtube.com/watch?v=cl5fIFjz6JQ
Ésta es la misión de la Iglesia: la Iglesia que sana, que cura.
Algunas veces, he hablado de la Iglesia como hospital de campo. Es
verdad: ¡cuántos heridos hay, cuántos heridos! ¡Cuánta gente necesita
que sus heridas sean curadas! Ésta es la misión de la Iglesia: curar las
heridas del corazón, abrir puertas, liberar, decir que Dios es bueno,
que Dios perdona todo, que Dios es Padre, que Dios es tierno, que Dios
nos espera siempre”.
"Es verdad, nosotros debemos buscar ayuda y crear organizaciones
que ayuden en esto: aquello sí, porque el Señor nos da los dones para
esto. Pero cuando olvidamos esta misión, olvidamos la pobreza, olvidamos
el fervor apostólico y ponemos la esperanza en estos medios, la Iglesia
lentamente cae en una ONG y se transforma en una bella organización:
potente, pero no evangélica, porque falta aquel espíritu, aquella
pobreza, aquella fuerza para curar”.
"…no les dijo: ‘pero ustedes son grandes, en la próxima salida
organicen mejor las cosas…’ Solamente les dice: ‘Cuando hayan hecho todo
lo que deben hacer, díganse a sí mismos: somos siervos inútiles’. Éste
es el apóstol. ¿Y cuál sería la gloria más grande para un apóstol? ‘Ha
sido un obrero del Reino, un trabajador del Reino’. Ésta es la gloria
más grande, porque va en este camino del anuncio de Jesús: va a curar, a
custodiar, a proclamar este buen anuncio y este año de gracia. A hacer
que el pueblo encuentre al Padre, a llevar la paz al corazón de la
gente”.
ENTREVISTA AL PAPA FRANCISCO SOBRE LA MISIÓN DE LA IGLESIA
¿Es la Iglesia un hospital de campaña?
El Papa Benedicto XVI, al anunciar su renuncia al pontificado,
describía un mundo actual sometido a rápidos cambios y agitado por unas
cuestiones de enorme importancia para la vida de fe, que reclaman gran
vigor de cuerpo y alma. Pregunto al Papa, también a la luz de lo que
acaba de decir: «¿De qué tiene la Iglesia mayor necesidad en este
momento histórico? ¿Hacen falta reformas? ¿Cuáles serían sus deseos para
la Iglesia de los próximos años? ¿Qué Iglesia “sueña”?».
El Papa Francisco, refiriéndose al comienzo de mi pregunta,
comienza diciendo: «El Papa Benedicto realizó un acto de santidad, de
grandeza y de humildad. Es un hombre de Dios». Mostrando así un gran
afecto y gran estima por su predecesor.
«Veo con claridad —prosigue— que lo que la Iglesia necesita con
mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los
corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un
hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un
herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las
heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas... Y
hay que comenzar por lo más elemental».
«La Iglesia a veces se ha dejado envolver en pequeñas cosas, en
pequeños preceptos. Cuando lo más importante es el anuncio primero:
“¡Jesucristo te ha salvado!”. Y los ministros de la Iglesia deben ser,
ante todo, ministros de misericordia. Por ejemplo, el confesor corre
siempre peligro de ser o demasiado rigorista o demasiado laxo. Ninguno
de los dos es misericordioso, porque ninguno de los dos se hace de
verdad cargo de la persona. El rigorista se lava las manos y lo remite a
lo que está mandado. El laxo se lava las manos diciendo simplemente
“esto no es pecado” o algo semejante. A las personas hay que
acompañarlas, las heridas necesitan curación».
«¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios? Yo sueño con una
Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser
misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el
buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es
Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas
organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después.
La primera reforma debe ser la de las actitudes. Los ministros del
Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las
personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso
descender a su noche y su oscuridad sin perderse. El pueblo de Dios
necesita pastores y no funcionarios clérigos de despacho. Los obispos,
especialmente, han de ser hombres capaces de apoyar con paciencia los
pasos de Dios en su pueblo, de modo que nadie quede atrás, así como de
acompañar al rebaño, con su olfato para encontrar veredas nuevas».
«En lugar de ser solamente una Iglesia que acoge y recibe,
manteniendo sus puertas abiertas, busquemos más bien ser una Iglesia que
encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que
no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente.
El que abandonó la Iglesia a veces lo hizo por razones que, si se
entienden y valoran bien, pueden ser el inicio de un retorno. Pero es
necesario tener audacia y valor».
Recojo lo que está diciendo el Santo Padre para hablar de aquellos
cristianos que viven situaciones irregulares para la Iglesia, o
diversas situaciones complejas; cristianos que, de un modo o de otro,
mantienen heridas abiertas. Pienso en los divorciados vueltos a casar,
en parejas homosexuales y en otras situaciones difíciles. ¿Cómo hacer
pastoral misionera en estos casos? ¿Dónde encontrar un punto de apoyo?
El Papa da a entender con un gesto que ha comprendido lo que quiero
decirle y me responde. «Tenemos que anunciar el Evangelio en todas
partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con
nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad. En
Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos
“heridos sociales”, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre
les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo
en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual
tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al
decir esto he dicho lo que dice el
Catecismo. La religión tiene
derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas,
pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una
injerencia espiritual en la vida personal. Una vez una persona, para
provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le
respondí con otra pregunta: “Dime, Dios, cuando mira a una persona
homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la
condena?”. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos
en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las
personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay
que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo
inspira al sacerdote la palabra oportuna».
«Esta es la grandeza de la confesión: que se evalúa caso a caso,
que se puede discernir qué es lo mejor para una persona que busca a Dios
y su gracia. El confesionario no es una sala de tortura, sino aquel
lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo mejor que
podamos. Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus
espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto.
Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz
con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente
arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el
confesor?».
«No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al
aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es
imposible. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido
reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en
un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo
soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas
cosas sin cesar».
«Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son
todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por
transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para
imponerlas insistentemente. El anuncio misionero se concentra en lo
esencial, en lo necesario, que, por otra parte es lo que más apasiona y
atrae, es lo que hace arder el corazón, como a los discípulos de Emaús».
«Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra
manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un
castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio. La
propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante.
Sólo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales».
«Digo esto pensando también en la predicación y en los contenidos
de nuestra predicación. Una buena homilía, una verdadera homilía, debe
comenzar con el primer anuncio, con el anuncio de la salvación. No hay
nada más sólido, profundo y seguro que este anuncio. Después vendrá una
catequesis. Después se podrá extraer alguna consecuencia moral. Pero el
anuncio del amor salvífico de Dios es previo a la obligación moral y
religiosa. Hoy parece a veces que prevalece el orden inverso. La homilía
es la piedra de toque si se quiere medir la capacidad de encuentro de
un pastor con su pueblo, porque el que predica tiene que reconocer el
corazón de su comunidad para buscar dónde permanece vivo y ardiente el
deseo de Dios. Por eso el mensaje evangélico no puede quedar reducido a
algunos aspectos que, aun siendo importantes, no manifiestan ellos solos
el corazón de la enseñanza de Jesús».
¿Qué significa pertenecer a la Iglesi?
https://www.youtube.com/watch?v=hEeDrCZaaf8
¿Por qué confesarse y por qué con un sacerdote?
https://www.youtube.com/watch?v=hEeDrCZaaf8
La Iglesia no es una ONG
https://www.youtube.com/watch?v=-eM7QS_N8UI
La crisis de fe a veces es necesaria para avanzar en la fe
https://www.youtube.com/watch?v=XXSjTZNX6rY