LA NECESIDAD DE CREER EN ALGO
(Camilo Maccise, OCD–Mexicano, expresidente de la Unión de Superiores Generales) El día de san Valentín, día del amor y de la amistad en muchísimos países, pone de relieve la necesidad que tiene el ser humano de creer en algo o en alguien. Con motivo de esa celebración salen al mercado con más fuerza prácticas esotéricas para alcanzar o retener al ser amado. A ellas se unen otros muchos ritos de magia y de artes adivinatorias.
En los
periódicos de las grandes ciudades se anuncian decenas de magos y
adivinos, doctores en ciencias ocultas, que ofrecen descubrir las causas
que ocasionan males, enfermedades, decepciones amorosas y que, al mismo
tiempo, ofrecen remedios y orientaciones para lograr la prosperidad.
Utilizan las cartas del tarot, la quiromancia, la astrología para la
adivinación de hechos presentes, pasados o futuros. Librerías, canales
de televisión, páginas de Internet propagan el ocultismo, la magia, la
ovniología. Revistas y diarios tienen su página de horóscopos. Todo ello
se ha convertido en una fuente de enormes ingresos económicos.
Muchos se
preguntan cómo puede ser esto posible en una época de secularismo,
materialismo y de grandes progresos científicos que deberían de haber
acabado con el mundo de lo sagrado y de lo religioso. La respuesta la
encontramos en el hecho de que el ser humano, cuando tiene una idea
equivocada de Dios o corta los vínculos con Él, o experimenta un vacío
que trata de llenar con otros “ídolos” que le den seguridad. Con razón
afirmaba G. Chesterton:
“Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya
no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en todo”. El
Vaticano II recordó la responsabilidad que pueden tener
los cristianos en la génesis de todo esto por velar más bien que revelar
el genuino rostro de Dios y de la religión (GS 19).
LAS DIFICULTADES DE LA FE
JOSÉ
MARÍA CASTILLO, teólogo
Cada
día que pasa, se hace más difícil la fe. Y cada día que pasa, hay más gente que
anda hecha un lío con esto de la fe. Por eso, me parece que vendrá bien ir
poniendo algo de orden en lo que pensamos y sentimos sobre este lío y este
embrollo de cosas.
Lo
primero, que deberíamos tener claro, es que una cosa es "lo que" se
cree; y otra cosa es "en quién" se cree. No es lo mismo lo uno que lo
otro. Ni mucho menos. "Lo que" se cree: se refiere a verdades, dogmas, normas,
mandamientos, ritos, ceremonias... "En quién" se cree: se refiere
a personas. Y, como es
lógico, no es lo mismo relacionarse con "verdades" que relacionarse
con "personas". A las verdades se las acepta con la cabeza y la
razón. A las personas se las acepta con el corazón y la vida….
Por
todo esto se comprende que, en los evangelios, la fe se entiende como confianza en
Jesús y como fidelidad hacia Jesús. Era, por tanto, la actitud
de aquellas personas que veían en la forma de la vida, que llevaba Jesús, la
forma de vida que ellos debían llevar también. O sea tenían fe en Jesús quienes
se fiaban de él, quienes querían se relacionaban con él sin trampa ni cartón,
quienes tomaban en serio lo que decía Jesús. Y estaban convencidos de que, en
su vida y en sus enseñanzas, estaba la solución y la respuesta a las
aspiraciones más hondas y más serias de la vida.
Sin
embargo, la fe, tal como a nosotros nos la han enseñado, se refiere, más bien,
a "tener por verdadero lo que Dios nos ha revelado". Esto es lo que
nos enseñaron en las clases de religión, en los catecismos y en los sermones.
Lo cual quiere decir que, en nuestra educación religiosa, se produjo un
desplazamiento, de la "fe personal" en Jesús, a la "fe
racional" en los dogmas. Lo cual representa una dificultad enorme, casi
insuperable, en los tiempos que corren. Porque la "fe racional" en
verdades que la razón no entiende, ni puede entender, es algo que sólo se puede
aceptar si el que enseña eso merece un crédito y tiene una credibilidad que, en
este momento y para mucha gente, ya no lo merece ni lo tiene el clero: obispos,
sacerdotes, teólogos... Por eso, la fe se va quedando cada vez más arrinconada
o, si se prefiere, más marginada. La fe, de esta manera, se ha quedado como un
sentimiento que (por parte de los que pueden) se vive en la intimidad de los
sujetos, entre dudas, oscuridades, confusiones, cosas que no cuadran...
De esta
manera, nos hemos metido en un barullo de oscuridades y confusiones. Y así nos
hemos alejado de la vida que llevó Jesús y de Jesús mismo. O sea, nos hemos
alejado de la fe.
¿Tiene
esto solución? Por lo menos, la que a mí me sirve es ésta: yo he puesto mi
fe-confianza en Jesús. Intento poner mi fidelidad en Jesús. Y eso, para mí,
significa en concreto centrar mi vida en el respeto que Jesús le tuvo a la
gente; en la estima y la tolerancia que Jesús tuvo a los demás (Jesús sólo fue
intolerante con los intolerantes: sacerdotes, fariseos, letrados...); en la
bondad, o sea intentar ser siempre bueno, nunca echar en cara nada a nadie,
saber soportar las cosas que me resultan impertinentes, poner buena cara
siempre... Es decir, a través de estas cosas elementales y mediante la honradez
y el deseo sincero de hacer felices a los que se rozan conmigo, así - y sólo
así - creo en Dios, creo en el Dios de Jesucristo, creo en el Espíritu de Jesús
y su Evangelio. En todo esto es donde yo veo la dificultad y la solución de la
fe. Si a alguien le sirve esto y le da alguna luz, me sentiré mejor, mucho
mejor.
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